¡Bolsa llena corazón re-contento!

Después de una mañana bien movida, la hora del almuerzo se convierte en uno de esos esperadísimos momentos, de esos como caídos del cielo; contamos los minutos para que...
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Después de una mañana bien movida, la hora del almuerzo se convierte en uno de esos esperadísimos momentos, de esos como caídos del cielo; contamos los minutos para que llegue ese “reboot” para continuar el día y de repente “plops” viene a la mente un pequeño gran detalle, ¡corra porque hay reunión!

Bueno… pues nada que hacer, a almorzar en modo turbo para no verse sumergido en el caos vial del mediodía y poder llegar a tiempo, porque a las dos cero cero hay llamada conferencia y hay que estar listo, lavadito de dientes y bien presentado para el magno evento.

Pero, ¿por qué deslucir el almuerzo con estos pensamientos?, cuando tengo frente a mi toda una vitrina de manjares que lo único que me dicen es, llevame… llevame. Tomo una bolsa y ahora sí, a elegir ese bálsamo que activa mis neurotransmisores cerebrales.

Para algunos es en forma de chocolate, de crema pastelera, de rollo de canela, de tartaleta, de pie de pecanas, de pie de limón, de oreja de panadería o de helado no importa la forma, mientras la bolsa regrese llena, el corazón va más que contento.

 

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Por: Carmen

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