Jugando a ser uno solo

Lo pequeño. Lo no importante de mi día. Tengo un contrato tácito con mis 2 carajillos (Lisa-mi-perra y Cerati-mi-gato) y sus 2 compitas, los vecinos perros (Juanita y Matías),...
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Lo pequeño. Lo no importante de mi día. Tengo un contrato tácito con mis 2 carajillos (Lisa-mi-perra y Cerati-mi-gato) y sus 2 compitas, los vecinos perros (Juanita y Matías), somos 5 en total: que cada vez que no tengo que dormir fuera de mi casa, o que por cuestión de mal cálculo esté de un gomón infernal, o sea el 99% de mis días, se arma una caminata matutina por un bosque cercano a la casa.

La rutina (o el contrato) comienza, Lisa que duerme al lado izquierdo de la cama mía y de la Negra, se despierta antes que yo cuando calcula que es hora de ir y se pone de pie en su cama. Es la líder, claramente. La Negra duerme más profundo que nunca. Yo duermo, pero ya no en estado de ondas Alfa. Y Lisa es taaan considerada que no me termina de despertar con lengüetazos en la cara, aunque sí acerca su nariz negra, húmeda y perfecta a 5 centímetros de mis ojos, como si estuviera convencida de que su mirada es capaz de entrar en mi sueño ligero. Pues seguro lo hace, porque ciertamente abro los ojos antes que suene mi “despertador porsiaca”. Cuando no lo hago, se manda un lloriqueo casi imperceptible. Bueno, para mí no lo es, aunque para la Negra, absolutamente.

 

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El gato, Cerati, que viene de su actividad nocturna, ya anda merodeando de vuelta por la casa y parece siempre dispuesto a quemar los últimos cartuchos de energía que le quedan en la caminata. Juanita la vecina, y mejor amiga de Lisa, está (8 de cada 10 veces) como estatua supongo, o al menos sin chistar, detrás de la puerta de la casa esperando a que se abra para explotar en golpes al suelo con sus patas delanteras y cola levantada, volteretas y mordiscos de celebración con Lisa que le hace segunda. El gato se escabulle entre ese espectáculo para salir con nosotros. Me muero de curiosidad por saber cuánto tiempo pasa Juani tras la puerta esperando, mientras todos dormimos. Algún día pongo una cámara.

Matías, el otro chiquitín vecino, es un dulce y aparece con cara de dormido ya cuando los otros 4 vamos encaminados pasando frente a su casa. Tiene una pinta de dormilón que no puede con ella! Solo le falta venir quitándose las lagañas. Casi siempre me viene a saludar primero, es sencillamente adorable. Le devuelvo el saludo cariñoso con cierta dificultad porque Lisa y Juana se corretean exactamente encima de nuestro saludo. El gato sigue toda esta escena con su distancia. Pero no se queda, nunca.

Lo que he empezado a notar con esta rutina es lo maleable de nuestra naturaleza humana, perruna y gatuna, cuando estamos coexistiendo en espacio y tiempo.

 

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Lisa es medio gata porque deja de seguir mis órdenes y suele hacer lo que le ronca. Medio humana por la forma en que me mira, y entiende mis gestos humanos para poder adivinar lo que viene en su rutina del día, pero perra al fin porque se comporta como toda una líder de la manada, incluyéndome.

Juanita y Matías son medio gatos porque se dejan perseguir por Cerati, y entienden que si no se invierten esos roles de vez en cuando, no hay juego. Son medio humanos porque se han aprendido de memoria mi propia rutina matutina para poder sumarse al plan sin necesidad de coordinarlo por whatsapp. Y son absolutamente perros cuando el juego de “manos” es con Lisa.

Cerati el gato, es medio perro porque se cree parte de la manada, y porque también se apunta a perseguir cuando se cansa de ser perseguido. Para mí es medio humano cuando decide que ‘su noche’ no termina sin el paseo-zarpe. Al regreso duerme y duerme. Y totalmente gato porque todo el recorrido lo hace con su prudente distancia del grupo, y escalando de árbol en árbol.

 

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Yo, soy perro porque lo hago todo por ellos, gato porque también lo hago por mí, y humano porque ante mi imposibilidad de vivir 100% conectado con el momento presente como lo hacen ellos, llevo mi celular en la bolsa pensando irremediablemente en el futuro. Nada… con el único objetivo de capturar y compartir en video escenas como la que finalmente capté hoy en la mañana, y así demostrar que mi gato-perro y mi perra-gata salen a caminar juntos conmigo y con los vecinos. Al final, el paseo termina y cada quien de vuelta a sus roles.

No tengo nada más que contar de esto, porque es solo lo pequeño de mi día. Después empieza lo importante! O no.

 


Por: Chino Salom

 

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Puro Cuento

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