La abominable historia de la mujer deseada y no sobrada

Hace unos días me encontré con el dicho: “La mujer debe ser deseada y no sobrada”. Varias cosas se me vinieron a la cabeza, ninguna positiva, ninguna que justificara...
La abominable historia de la mujer deseada y no sobrada

Hace unos días me encontré con el dicho: “La mujer debe ser deseada y no sobrada”. Varias cosas se me vinieron a la cabeza, ninguna positiva, ninguna que justificara tanta tontera expresada en tan pocas palabras. Retortijón cerebral. Repudio.  Dudé unos segundos. No sabía si estaba malentendiendo el mensaje, pero supuse que en tan corto lema no podía haber mayor truco. La escribí, la leí, le di vueltas  pero no había nada oculto. No tenía cara de acertijo ni llevaba sarcasmo incluido (y eso que el sarcasmo es de mis actividades favoritas). Era lo que era. Era cierto, no había tesoro escondido. Estaba frente a una grandiosa estupidez.

Para terminar de evacuar las pocas dudas acerca del famosísimo lema, les comento a algunas amigas si habían escuchado esta frase y si creían que estaba yo haciendo una pataleta de la nada.  Todas lo habían oído, varias inclusive lo habían repetido en algún momento.  La pataleta ahora era berrinche.  Algunas de ellas, afortunadamente pocas, creen y defienden lo que para mí no es más que una desafortunada y desatinada construcción gramatical.

Algunos pensaran que exagero, pero de verdad no logro concebir que sigamos escuchando este tipo de “lemas” y peor aún que sigamos poniéndolos en práctica.  Cuando me topé por primera vez con esta frase, mi cerebro automáticamente tradujo: La mujer no debe desear, no puede expresar y mucho menos actuar en función de sus sentimientos.  Me parece que el tema delicadísimo. Me preocupa y me ocupa que algunas amigas se lo tomen a la ligera y otras más hasta lo apliquen como estrategia de seducción. Venenoso.

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Pienso, pobres aquellas mujeres que bloquean sus emociones. Pobres aquellas mujeres que renuncian a desear por una “huevonada “social.  Pobres mujeres que se prohíben acercarse a sus pasiones. Me pregunto, ¿Cuántas pobres  mujeres habrán renunciado a tomar la iniciativa?, de cuántos maravillosos e irrecuperables momentos nos hemos privado por creer que la mujer no debería sentir, no debería decir, no debería hacer.

Será acaso el miedo al rechazo lo que ha promovido este espantoso lema por generaciones y generaciones. “Es que si le  digo que me gusta, se va a asustar y va a salir corriendo.” “Lo acabo de ver y ya me hace falta, pero si le digo que me hace falta, va a pensar que soy una pega y va a salir corriendo.” “Es que si le digo que le quiero dar un beso, se va a poner a jugar de vivo y va a salir corriendo.”  ¡PUES NO! No son tantos los corredores en este país. Es más estoy seguro que somos mayoría a los que nos mueven el piso con divina combinación de carácter, seguridad y personalidad.  Reprimirse los sentimientos no resuelve nada, solo complica las cosas. Nos hace dudar, nos encierra y acabamos perdiendo nuestra libertad de sentir. Triste, cierto y reprochable.

Por más trillado que suene, la manera más fácil de ser felices es siendo quien mejor podemos ser. Siendo nosotros mismos. Naturalmente esto implica sentir solo en función de lo que la tripita nos dicte y hacer con nuestros 5 sentidos y por qué no hasta con un poco de sin sentido.  No pretendamos ser el ideal de nadie, no actuemos en función de lo que la sociedad entienda como correcto. Hagamos con la entraña que esa nunca se equivoca. Nada de esto garantiza éxito, pero no hacerlo nos aleja de nuestra esencia, amarrándonos a algo que no somos.

Evitemos mimetizar nuestras emociones. Alguien (probablemente más de uno) va a disfrutar nuestro verdadero color tal y como es. Sepamos que no hay una manera correcta de tener un gesto bonito. No hay “muy rápido”, ni hay “muy despacio”. No hay “muy pronto” ni momentos correctos. Siempre es un buen momento para tener un bonito gesto y al menos a mí me enseñaron que un gesto bonito se responde con un bonito gesto. También me enseñaron que es acto universal, todos estamos invitados hombres y mujeres por igual.

Afortunadamente entendí que NO hay espacio donde el hombre pueda y la mujer no.  No nos intimidemos con los bonitos gestos. Aceptemos que un gesto de cariño, no es nada más que eso. No interpretemos. No malinterpretemos. Disfrutémoslos como son, pensarlo demasiado arruina el momento.  No perdamos  la capacidad de bien expresarnos,  salgamos  y propongámonos tener gestos bonitos y responderlos como mejor podamos. Aprendamos a hacer bien y bien vamos a recibir. A nadie le cae mal una sonrisa, a nadie le cae mal saber que alguien más se acuerda de uno de vez en cuando y eso no quiere decir nada más que eso. Para alguien estamos ahí, para alguien somos un presente. Sepamos agradecerlo.

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Habiendo dicho esto, he decidido entonces que me quedo con las mujeres sobradas y no las deseadas. Me quedo con las valientes. Me quedo con las decididas. Me quedo con las seguras, las que han perdido el miedo. Me quedo con las sobradas porque de sobradas no tienen nada.

Me quedo con las mujeres libres porque saben lo que quieren y más importante aún, porque saben cómo querer. Me quedo con ellas porque han aprendido que la felicidad empieza de la piel p’adentro.

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Al Chile

Medio fotógrafo, medio chef, medio escritor y medio cantonés -para llevar. Disfruta los animales en su hábitat natural, el café en la ducha, los martes 13, el sarcasmo y la gente chispa. Sapiosexual, feminista, inquieto de noche y un poco narizón. Abierto a cualquier recomendación musical.

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