La noche de Dioniso

Abajo los árboles se agarran uno a uno tumultuosos, es una mancha verde que con mi vuelo dejo de a poco en el vacío. Voy subiendo hasta que entro...
LanocheDioniso

Abajo los árboles se agarran uno a uno tumultuosos, es una mancha verde que con mi vuelo dejo de a poco en el vacío. Voy subiendo hasta que entro en el algodón mojado que es la nube negra que me despabila y me acuerdo por qué estoy acá: me vine para salir de la lluvia, estar cerca del sol. Siento su presencia, estoy en mi lugar favorito, mí subidón energético; a veces no puedo esperar para ir a su encuentro.

Mi amor… Mi amor –la voz se escucha opaca, como si alguien me estuviera hablando debajo del agua-… Mi amor –de a poco la voz me agarra, me tira de la mano para sacarme del agua o me toma de un ala para aterrizarme al suelo-. Está lista la comida, amor.

 

En la cocina la caja metálica me habla del robo de un banco y el guiso que como me recuerda a la tierra que tragué cuando buscaba gusanos en el barro. Me dicen que llegaron las cuentas y le digo a mi chica que se dé duchas más cortas porque puta que salió cara y afuera el ruido de un trueno le enmarca un guiño;  me cierra el ojo porque sabe que es culpa mía que sus duchas sean largas.

Después de la comida viene el cansancio y la angustia y pienso que un poco de azúcar podría hacer el cuento más soportable. El tuerto parece haberme leído la mente porque al instante me llama y me dice que le ha llegado la mierda, la que me comentó hace dos noches cuando salíamos del estudio.

Traemela ligerito entonces -le dice mi voz desde el auricular-. ¿No ves que tengo tocatta en la noche?

 

Y me voy al dormitorio y prendemos uno y por un instante somos uno, una energía, un complemento y las nubes negras se quedan abajo y me la llevo al sol, a mi lugar favorito, al orgasmo caliente al otro lado del cielo.

Después le cuento a la libreta lo que va del día y me dice que no, que no fue así, que acaso crees que estás haciendo poesía y estoy harto de esta libreta y la rompo, araño los papeles que después quedan en el suelo; se estrellan abajo como origamis impostores.

Y llega el tuerto y me prepara la mierda y la mierda es rica, me siento como nunca.Entonces soy Dionisio y me suben al auto sabiendo que me fui a negro, que ahora soy un criminal. Llegamos a la tocata y la cara de los músicos lo dice todo, no saben qué va a pasar: hoy no me van a poder controlar.

Pido un Jack Daniel’s y me llega el micrófono y estoy listo para sacarle la rabia contra el sistema al puto mundo. Entonces la banda me mira, me dicen “¿en verdad quieres hacer eso?” y de a poco mi voz se va metiendo a través del público. El batería le pega al platillo y me dice “¡Basta! ¡Quédate acá esta noche!” Pero es muy tarde, te dije que soy Dionisio y paso por las chicas que están en primera fila y la de la derecha me reconoce, me dice “Hola. Te amo. ¿Me dirías tu nombre?”.

Después sigo andando y veo a un chico lleno de demonios que cabecea y le digo tranquilo muchacho, te vamos a exorcizar y el acorde de la guitarra lo levanta y pienso que está vivo este, que nos escuchó. Y me pego un grito y nos fundimos con el público y pienso que hoy es buena noche para estar acá; digo, tener este tipo de vida y si se portan bien los llevo al sol y el público quiere, entonces nos vamos volando, las nubes negras abajo y llegamos de nuevo al sol, mi rincón favorito porque no tiene que llover abajo si es que arriba está el sol.

Y después el apagón, la noche se funde cuando uno a uno los voy perdiendo a todos y el sonido de un trueno me despierta y cae la lluvia. Llueve y se ríen en la ducha: la flaca de la fila del frente y mi chica están juntas; ojalá que la hagan corta.

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Puro Cuento

Amante de las letras, la música y el surf. Recientemente iniciado en el sueño de ser escritor viajero. Mis referentes son Bolaño, Neruda y Marley.

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